viernes, abril 22, 2005

Saltando charcos con Sabina

Yo no tenía ganas de reir,
tú reías para no llorar;
yo le guiñaba un ojo a mi nariz,
tú consolabas a tu soledad

Yo sin ninguna escoba que vender,
tú con mil y una noches que olvidar;
a mí no me quería una mujer,
a ti se te moría una ciudad.

Tú habías perdido el último autobús,
a mí me habían hechado de otro bar;
los mismos alfileres de vudú,
el mismo cuento que termina mal.

Pero quiso el cielo bautizar el suelo
con su gota a gota y con champú de arena
para tu melena de muñeca rota
y tu mirada azul me dijo a cara o cruz
y mi alma de tahur
lo puso a doble o nada.

Y los peces de colores de mis botas
y tus marchitos zapatitos de tacón
locos por naufragar
salieron a bailar
al ritmo de la lluvia
sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.

Yo no venía de ningún país,
tú ibas camino de cualquier lugar;
conmigo no contaba el porvenir,
de ti no se acordaba el verbo "amar".
Yo no jugaba para no perder,
tú hacias trampas para no ganar;
yo no rezaba para no creer,
tú no besabas para no soñar.

Y sin equívocos de vodevil
ni alertas rojas en el corazón
el dios de la tormenta
quiso abrir la caja de los truenos
y tronó,
porque quiso el cielo acariciar
el suelo con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena de muñeca rota.

Qué disparate de
partida de ajedrez
con un partenaire
adicta al jaque mate

Y tu bolso
como un nido de gaviotas
y mi futuro
con pan duro en el cajón
locos por naufragar
salieron a bailar
al ritmo de la lluvia
sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.

Capeando el temporal
salieron a bailar
como dos locos
bajo el chaparrón de notas
del rocanrol de los idiotas.