miércoles, abril 27, 2005

*En la doliente soledad de domingo* Gioconda Belli


Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sábanas solitarias
de esta cama donde te deseo.

Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos;
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.

Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.

Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia mi mismo centro,
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.

Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.

Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza. Posted by Hello

3 Comments:

Blogger Hugo said...

Que mal domingo, después de tan buen sábado

2:21 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

En la oscuridad de esta noche aciaga y desordenada, solitaria al estar tu recuerdo impregnandolo todo, caótico, plagado de vertiginosas iluciones rotas, inmerso en un torbellino cacofónico con todas esas palabras enormes e intangibles que resuenan confunden y finalmente se pierden.
Mi cuerpo y mis sueños te echan de menos. Se resisten a despedirse, a ya no tenerte, no sentirte viva en el futuro, sino opaca en la imagen de las cosas que nunca serán, sin el reflejo de mi amor en el espejo de tus ojos ya nunca más enamorados.
Desde esta noche vacía de luz y calor, sin aire ni espacio, le envío mi más sincero saludo y definitivamente le digo adiós.

5:26 p. m.  
Blogger Carlos said...

Carlos es una tristeza, muy mansa y gris,
que fluye entre edificios nobles,
a Minerva sagrados y entre hangares
que anuncios y consignas coronan.

3:57 p. m.  

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